Oh, how we need a new language to go with our new bodies! *
 
        El skin grafting, es una técnica de injerto dermatológica mediante la cual el tejido sano de una zona del cuerpo es trasladado a una zona con tejido dañado. La protagonista de la reciente novela de ciencia ficción de Lidia Yuknavitch —*The Book of Joan: A Novel (2017)— se hace, en un futuro post-apocalíptico, toda una experta del skin grafting, que ha dejado ya de ser una mera técnica médica para convertirse en un ejercicio artístico mediante el cual no solo se trasladan pieles de un cuerpo a otro, sino que se marcan, se queman, se dibujan y estiran. En el catastrófico año 2049 que describe la novela —asolado por el control sobre los cuerpos, la exclusión de lo femenino y el dominio falocentrista del lenguaje—, esta práctica de injerto y marcado tiene un sentido político de rebelión creativa. Si, en el régimen totalitario de signos de la novela, todo, hasta las experiencias corporales, están mediadas por el lenguaje, el potencial creativo y transformador del skin grafting radica en la posibilidad de encarnar ese mismo lenguaje, aplicando su maleabilidad y capacidad de cambio al estrato material de la realidad, a pieles y cuerpos.
        El paradigma lingüístico que ha dominado las humanidades durante las últimas décadas entendió el lenguaje como limitante y posibilitador a la vez — abierto a variaciones en las representaciones de la realidad—; el skingrafting, en The Book of Joan: A Novel, se vincula a la crítica feminista y al giro materialista, dirigiendo el impulso creativo y renovador a la propia realidad material y no solo al consenso discursivo en el que ésta se aprehende. Sin embargo, es el carácter poético y sensual de la técnica del skingrafting lo que permite llevarla algo más lejos. El injerto y el trabajo con las superficies materiales se presenta como una práctica que atiende a la capacidad de dar forma y registrar las interacciones materiales que se reconocen de manera sensible. En el año 2049, cuando ha dejado de existir la posibilidad de desear y de relacionarse de manera afectiva, el tropo poético practicado en los cuerpos, en tanto productor de un habla figurada no literal, es una manera de esculpir deseo y de modelar las sensaciones.
        Existe ya una figuración no verbal que se da en nuestros cuerpos: fibras y nervios se comportan de manera poética dando forma a la reacción sensible al entorno —“alegorizando”, “metaforeando” y “traduciendo”, dan cuenta de ese contacto con el mundo en un verdadero acto de poiesis corporal, de creación. Desde el arte, lo poético es habla formada —un ejercicio de materialización de tropos que, más allá de la inscripción y la representación, atiende a la aparición de formas a partir de relaciones materiales.
        En el trabajo de Esther Gatón, la sensualidad de los injertos se propaga en la técnica artesanal. Materialidades dispares se acercan unas a otras, acortando distancias en un juego trópico de seducción en el que las formas orgánicas y óseas aparecen como reacción al entorno al tiempo que se devuelven como estímulo, colocándose y tomando posición dentro en una historia material de circunstancias presentes y pasadas. Skin grafting: transplantes poéticos de materia marcada y reactiva, habla figurada y pieles que se vuelven tropos. Enrojececidas, pulidas y arrugadas, con hematomas y cicatrices supurantes, contraídas y esmaltadas, las superficies materiales son también símil e hipérbole de lo que las rodea.

2013

Silvia Cuenca Sanz

        Corrientes. El entorno puede llegar a servirnos para producir conexiones abiertas y para pensar en posibles vínculos entre subconsciente y espacio. Podríamos llegar a imaginar entonces que hay puertas ocultas hacia el inconsciente dentro de un habitáculo físico. El pasillo es un un fragmento de entorno que habla de la inercia a través de su funcionalidad. La inercia del tránsito produce un deseo carente de tiempo, que se manifiesta si buscamos el trance; algún bucle autopropulsado que suspenda/interrumpa el encadenamiento temporal lineal. La puerta oculta, no conduce a un lugar, sólo evita que nos quedemos en él.
        En un momento determinado, con el escalofrío, aparece ésa mímesis con la abstracción, ese desfile de ideas como objetos no identificados. Un acontecimiento sin apariencias, valores o categorías de espíritu, puede inundar en los segundos de su fuerza el mundo que habitamos, el de las diferencias. Un golpe de aire puede hacer que nos desvanezcamos en la indiferencia, haciendo surgir la capacidad.
        Creemos que el entorno es el conjunto de circunstancias, físicas y morales que nos rodean, pero su etimología nos conduce a toruns, "vuelta, giro". En el pasillo, la corriente de aire y la espalda expuesta nos devuelve a una concepción de entorno más cercana a lo nuevo.