Mikel Escobales Castro, 2018
Abrigo La Nuca
 
      Marie trata de imaginar en una mano que es ojo y en un ojo que es guante todos los gestos posibles. Acto seguido, Eve le dice que quiere una vez más tocar su mano y despedirse de sus mil dedos.
      Cuando se les hizo imposible sostener el guante que el ojo desprendía de sus dedos, Marie e Eve dieron por terminado el ejercicio. Porque, como sabéis, cuando un cuerpo tropieza con las caderas del otro, no hallan cosa mejor que atosigarse o rozarse; están saciados. Todos engullen más de lo que las bocas les obsequian. Sin embargo, la mayoría de las veces, engullir se convierte en la forma gramatical más segura de acercarse al signo, de saborearlo. Notar su suculencia deslizándose por la garganta y escuchar el sonido -de carácter extraño- rozando paredes, conmovidas por la nostalgia de un futuro mejor.
      Aquí hicimos una parada de cinco minutos y la idea de la mesa camilla tomó forma. Poco después, Marie insinuó que “las sandías también sueñan con sandías y que las piedras no siempre fueron piedras”.
      Un poco antes de que la cara de Marie se desenfocara o de que las ideas nos volviesen a mirar como al principio (si es que eso es posible), ellos hablaban de la acumulación y del desorden del proceso de un pensamiento al volverse forma. Sí, pero también podemos atravesar las ideas desde una espada diferente. Eve explicaba que existe la posibilidad de que al enfrentar la segmentación a la fusión de los gestos como el aplauso amarillo se genera un tercer espacio, y por lo tanto una nueva materia.
      Ahora tumbadas y escupiendo lo que habían masticado con desgana, creen saber quiénes son. Con un lapicero y con una sonrisa de verano, Eve las miraba  fijamente. Notaba cómo los ojos cambiaban de dirección, escondiéndose debajo de unas cortinas arrugadas; había contraste y las bocas se resbalaban hacia abajo, bailando con el oro de una nuca mejor. Pero Marie fue descubierta mientras intentaba encontrar la manera de mirar sin ser vista, como un zapato girado o como Eve describía sus párpados; “naranja oscuro, casi negros”.
 
 

Este texto fue escrito con motivo de la exposición individual Abrigo La Nuca Galería Aldama Fabre, Bilbao ES